domingo, 9 de mayo de 2010

La perspectiva disposicional: Modelo de rasgos y tipos

Según este modelo, la gente puede ser clasificada en tipos. Los tipos son categorías distintas y discontinuas, como por ejemplo el género, ya que se es hombre o se es mujer, una de las dos. Esta idea puede remontarse hasta Hipócrates (~400 a.C.) y Galeno (~150 d.C.). Ambos trabajaron con la teoría de los cuatro humores, según la cual distinguían entre individuos coléricos (irritables), melancólicos (depresivos), sanguíneos (optimistas) y flemáticos (tranquilos). Cada tipo reflejaba un exceso de uno de esos cuatro fluidos corporales. En 1903, Wilhelm Wundt propuso dos categorías, que clasificaban a la gente en dos dimensiones continuas: emocional - no emocional y estable - inestable. En 1933, Carl Jung propuso una tipología basada en dos categorías: introvertidos y extrovertidos. El introvertido tiende a la soledad, se comporta como con timidez y prefiere las actividades solitarias a la interacción social. Ante situaciones estresantes se refugia en sí mismo. El extrovertido es lo opuesto. Prefiere la interacción social y busca ayuda en los demás. Por otro lado, consideran que la gente se diferencia en unas variables continuas, los rasgos. Según esta idea, las personas se diferencian por la cantidad de rasgos diferentes que presentan, siendo una diferencia más cuantitativa que cualitativa.
Las teorías tipológicas se han ido quedando al margen, ya que es insostenible un sistema que clasifique a las personas en grupos claramente definidos. Incluso el género, utilizado antes como ejemplo de tipo, presenta una variación continua que en algunos casos diferencia claramente al hombre de la mujer, mientras que en otros la asignación es arbitraria. De hecho, el propio Jung utilizaba los tipos como etiquetas por conveniencia y creía que las personas tendían hacia uno u otro lado. Actualmente, la mayoría de teóricos disposicionales hablan en términos de rasgos y no de tipos.

Siguiendo este modelo, surge la pregunta de cuáles son los rasgos básicos que componen la personalidad. Existen muchas palabras que describen cualidades de la personalidad humana, pero no todas son igualmente importantes. Sin embargo, entre todas designan una cantidad mucho menor de cualidades subyacentes. Para descubrirlas, los psicólogos utilizan el análisis factorial. Esta técnica se basa en que si dos o más características covarían al ser examinadas en varias personas, es posible que haya un rasgo común tras ellas. De esta manera, se reduce la interminable cantidad de cualidades a una cantidad manejable de rasgos que están tras estas cualidades. Además, la misma técnica muestra cuáles son los más importantes. Sin embargo, presenta un problema, ya que previamente hay que seleccionar los rasgos que se van a analizar, y toda la información que no contengan no va a salir reflejada en los resultados. Sobre este problema, varios psicólogos propusieron de qué forma deben obtenerse los datos para que el análisis factorial sea el adecuado.

La aproximación de Raymond Cattell

Cattell defendía que los investigadores deberían determinar empíricamente los rasgos que subyacen a la conducta humana. Para ello utilizó el llamado criterio léxico. Según este criterio, cuantas más palabras describen un mismo rasgo, más importante es éste. Redujo posibles candidatos hasta quedarse con una lista de 171 rasgos, a los que sometió a análisis factorial. Los factores que resultaron son las dimensiones que él consideró más importantes para describir la personalidad. Además, Cattell proponía una aproximación multivariada, en la que hay que utilizar los datos obtenidos de diferentes métodos, como cuestionarios de autorreporte, calificaciones de observadores y datos conductuales objetivos, para que contrarresten entre sí sus respectivos problemas de observación. Finalmente, Cattell concluyó que la esencia de la personalidad está en 16 rasgos, a los que denominó con nombres inventados para evitar que tuvieran connotaciones previas. Más tarde, cambió los nombres por otros que transmiten sentido psicológico a cada factor. Como rasgos, presentan una dimensión continua en la que los extremos son conceptos opuestos. Los 16 factores que Cattell medía con su test, el 16PF, son:
1. Reservado - Calido
2. Razonamiento concreto - Razonamiento abstracto
3. Reactivo - Emocionalmente estable
4. Deferente - Dominante
5. Formal - Vivaz
6. Oportuno - Consciente de las reglas
7. Tímido - Socialmente atrevido
8. Utilitario - Sensible
9. Confiado - Vigilante
10. Práctico - Imaginativo
11. Franco - Privado
12. Seguro de sí mismo - Aprehensivo
13. Tradicional - Abierto al cambio
14. Orientado al grupo - Confiado en sí mismo
15. Tolerante del desorden - Perfeccionista
16. Relajado - Tenso

El modelo de rasgos de Hans Eysenck

Eysenck defendía que los investigadores deben comenzar la investigación con ideas muy claras de lo que quieren medir, para luego medirlas de la manera más adecuada. Se apoyó en la tipología de Hipócrates y Galeno y en las observaciones de Jung y Wundt. Según él, los cuatro tipos identificados por Hipócrates y Galeno eran el resultado de la combinación de distintos niveles de dos rasgos de orden superior, así que rehizo las observaciones de éstos en una matriz de dos dimensiones. Estos dos rasgos de orden superior son introversión-extraversión y emocionalidad-estabilidad (o neuroticismo). La extroversión se refiere a la tendencia a la sociabilidad, la búsqueda de exitación, la vivacidad, la activación y el dominio, mientras que la estabilidad emocional se refiere a la facilidad y la frecuencia con la que las personas se molestan y se perturban. Niveles altos de mal humor, ansiedad y depresión reflejan inestabilidad emocional.


En la tabla se muestran las diversas combinaciones de estas dos dimensiones, junto al antiguo nombre dado por Hipócrates y Galeno. Como el modelo de Eysenck es de rasgos, estas características son los extremos de una línea continua, por lo que la mayoría de las personas está en un punto medio. Estas dimensiones se miden mediante un instrumento de autorreporte, el Cuestionario de Personalidad de Eysenck (CPE). Utiliza el análisis factorial para comprobar qué reactivos no están bien cargados y para confirmar que las escalas miden los dos factores que pretenden medir. Este modelo, aunque parte de una base distinta a la de Cattell, comparte rasgos de orden superior y factores de segundo orden con su aproximación. Sin embargo, Cattell critica a Eysenck porque los rasgos que usa no cubren el abanico entero de la personalidad. Eysenck, por su parte, no cree que éstos sean los únicos rasgos de la personalidad, pero sí los más importantes dentro de una jerarquía, de manera que comprenden todos los demás rasgos que quedan por debajo y a los que Cattell da excesiva importancia. Además, Eysenck habla de una tercera dimensión, el psicoticismo, que consiste en la predisposición a volverse psicótico y sociópata. Esta dimensión ha recibido menos atención que las otras dos y está menos elaborada. Un alto nivel en psicoticismo indica tendencia a la hostilidad, la manipulación y la impulsividad. Por último, la teoría de Eysenck tiene un aspecto biológico, ya que cree que los tipos se relacionan con aspectos del funcionamiento del sistema nervioso.

Los conceptos populares de Harrison Gough

En 1968, Gough argumentó que hay aspectos de la conducta que son comunes en todas las culturas y que surgen de la interacción social, como por ejemplo la responsabilidad social, la tendencia a preocuparse por el grupo y no sólo por uno mismo. A estos aspectos los llamó conceptos populares. Según Gough, son los aspectos básicos de la personalidad humana, y por lo tanto los aspectos que deben medirse. Para ello creó el Inventario Psicológico de California (CPI), que comprendía diez escalas basadas en estos conceptos populares. Como Eysenck, partió de una base teórica, pero antes de decidir los ítems a medir realizó observaciones sobre las cualidades que compartían las distintas sociedades.

El círculo interpersonal de Jerry Wiggins

Wiggins y sus colegas argumentan que los rasgos que influyen en la calidad de las experiencias interpersonales constituyen los aspectos básicos de la personalidad. Propusieron la idea del círculo interpersonal, un conjunto de ocho patrones interpersonales dispuestos alrededor de dos ejes que representan las dos dimensiones básicas de las relacionas humanas: el dominio o estatus (eje vertical) y el amor (eje horizontal). Las diversas personalidades surgen de la combinación de valores en esas dos dimensiones.


Los cinco grandes

Actualmente, cada vez hay un mayor consenso sobre cuáles son los rasgos básicos.Este modelo tiene en cuenta todo lo anterior y plantea cinco rasgos de orden superior. A lo largo de la última mitad del siglo XX, varios psicólogos se fueron encontrando con problemas a la hora de reproducir las estructuras propuestas por otros psicólogos, y todos lo resolvieron mediante estructuras de cinco rasgos. Esto supuso una primera evidencia de que la mejor explicación la proporcionaba un modelo de cinco factores. A finales de siglo se disparó el interés por esta teoría y se realizaron todo tipo de pruebas. Aunque el modelo funciona muy bien, finalmente se encontraron dos inconvenientes. En primer lugar, es muy difícil dar un nombre a los factores que los represente bien, y por lo tanto existe mucho desacuerdo sobre su interpretación. En segundo lugar, cada factor depende de las pruebas incluidas en el estudio. Si una cualidad de la conducta se deja fuera o no está bien representada en los reactivos, no participará en el rasgo. Por ello, distintos análisis con medidas diferentes pueden llevar a distintas conclusiones sobre el significado de los factores, aunque exista un acuerdo sobre la aparición de más o menos los mismos factores.


Los términos utilizados para referirse a estos cinco factores varían mucho de un autor a otro, y en ocasiones se asemejan bastante. El problema radica en las cualidades que implican los distintos términos. Mientras que unos psicólogos están de acuerdo con unos términos, otros se quejan porque no incluyen ciertas cualidades que deberían incluir. El cuadro recoge las propuestas de diversos autores y finalmente la propuesta de Peabody y Goldberg sobre el área de la vida a la que pertenecen los rasgos.

Versiones nomotética e idiográfica de los rasgos

En 1961, Gordon Allport diferenció dos aproximaciones al concepto de rasgo. Por un lado está la aproximación nomotética, según la cual los rasgos existen y tienen el mismo significado psicológico para todos. Por ello, las personas se diferencian sólo en el grado en que los rasgos están presentes. Por otro lado está la aproximación idiográfica, según la cual algunos rasgos son poseídos por una sola persona, por lo que cada persona es única. Como puede haber tantos rasgos diferentes como individuos que lo posean, es imposible comparar a las personas. En 1988, Baumeister y Tice utilizaron el término metarrasgo para referirse a la cualidad de poseer o no un rasgo. Obtuvieron evidencias de que algunos rasgos son importantes para unos e irrelevantes para otros. En 1993, Britt se encontró con lo mismo y concluyó que la presencia o ausencia de un rasgo es lo que da forma a la personalidad. Aunque actualmente predomina la aproximación nomotética, todos aceptan parte de la otra aproximación en sus teorías.

Situacionismo e interaccionismo

Los rasgos son aspectos estables de la personalidad. Se supone que diferencias en un rasgo deben correlacionarse con diferencias en los comportamientos relacionados con el rasgo. Sin embargo, dicha correlación no se encuentra. En 1968, Walter Mischel utilizó el concepto coeficiente de personalidad para referirse a esta correlación, que generalmente cae muy bajo. Esto puso en duda el concepto de rasgo e incluso el de personalidad.
La primera respuesta a esta baja correlación fue la aproximación situacionista. El situacionismo es una postura crítica de la aproximación de los rasgos según la cual las variables situacionales son más importantes que la personalidad para determinar la conducta. Esta aproximación se identifica con los psicólogos sociales, que remarcan la importancia del ambiente social en la personalidad. En 1983, Funder y Ozer demostraron que esta aproximación era errónea. Correlacionaron las variables situacionales como se había hecho con los rasgos y también encontraron resultados muy bajos, con lo cual el situacionismo no explicaba más que el modelo de rasgos.
La idea se siguió desarrollando y dio lugar al interaccionismo. Esta aproximación argumenta que los rasgos de personalidad y las situaciones interactúan para influir en la conducta. Es decir, una misma situación puede afectar a unas personas pero no a otras, y dentro de las personas afectadas cada undividuo puede reaccionar de una manera diferente. Por otro lado, hay situaciones que permiten que ciertas conductas se muestren y otras que las reprimen.

Trastornos de conducta

Desde esta perspectiva se intentó comprender la psicopatología principalmente mediante una categorización que permitiera encontrar en la conducta de la gente los signos asociados a las diferentes conductas. De esa manera, ciertas posiciones en la dimensión de un rango pueden indicar patología, por ejemplo, en los extremos. El interaccionismo elaboró más estas ideas al mostrar que las diferencias individuales importan en unas situaciones y en otras no. El interés se centró entonces en la susceptibilidad a experimentar un problema. En ese aspecto, las personas se diferencian por la susceptibilidad que tienen a sufrir un determinado problema. A este modelo se le llama de diátesis-estrés, ya que las situaciones en las que la susceptibilidad importa son aquellas en las que el individuo está bajo mucha presión. Por ello, la mejor solución para evitar las psicopatologías es evitar las situaciones que conlleven un estrés importante.

Métodos para el estudio de la personalidad

EN PROCESO

La psicología de la personalidad

Con frecuencia hacemos uso de expresiones que hacen referencia a la personalidad, como "tiene una gran personalidad". Aunque se pueden nombrar muchas cualidades hay cosas que la gente no sabe expresar si no es haciendo uso de esa palabra: personalidad. Con esta palabra se intenta captar la esencia de otra persona, reduciendo una gran cantidad de sus características a un conjunto más concreto de cualidades. Para crear este concepto sobre los demás, la gente se basa en lo que los demás hacen y dicen, y en cómo lo hacen, lo que diferencia a cada individuo.
Todas las personas llevan a cabo el papel de psicólogo al dedicar tiempo a averiguar cómo son los demás y por qué se comportan de esa manera. La diferencia con los psicólogos de la personalidad radica en el uso del término personalidad. Los psicólogos llevan décadas discutiendo sobre el concepto y ofreciendo muchas alternativas de definición, sin embargo, la gente lo emplea como un concepto definido, generalmente para atribuir a una persona cualidades coherentes en el tiempo y originadas en su interior. Sí, por ejemplo, una persona habla mucho en el trabajo, en casa y en las fiestas, y esto se mantiene durante años, las personas a su alrededor incluirán la cualidad habladora cuando se refieran a la personalidad de esta persona. Además, mediante este concepto la gente transmite la idea de que la conducta se origina en el interior de las personas. Esta coherencia en el tiempo y el origen interior se relacionan cuando la gente trata de predecir y comprender tanto la conducta propia como la de los demás. Por ejemplo, si vamos a elegir un compañero para una tarea, le daremos mucha importancia a las cualidades que le asignamos a su personalidad. La gente también usa el concepto de personalidad para referirse a las cualidades más destacables e importantes de los demás. Por ejemplo, si decimos que alguien tiene una personalidad sincera, es porque esa cualidad destaca mucho en ella, y si decimos que tiene una personalidad agresiva, esperamos que responda de manera hostil la mayoría de las veces. Estas cualidades destacables en las personas son las más importantes para predecir su conducta y distinguirla de la de los demás. A partir de ello, la gente crea una definición de personalidad basada en la coherencia, la causalidad interna y la distintividad personal, y lo cierto es que todas las definiciones de personalidad realizadas por la psicología incorporan estas características.
Los psicólogos Charles S. Carver y Michael F. Scheier proponen esta definición, adaptada de la propuesta por Gordon Allport en 1961: "La personalidad es la organización dinámica, dentro del individuo, de los sistemas psicofísicos que crean patrones característicos de conducta, pensamiento y sentimientos". Esta definición muestra los aspectos más importantes del concepto de personalidad:
- No es un acumulación de partes, sino una organización de estas partes.
- Tiene procesos, es activa.
- Es un concepto psicológico unido al organismo físico.
- Es una fuerza causal, participa en la forma en la que el individuo se relaciona con el mundo.
- Se muestra en patrones, recurrencias y coherencias.
- Se muestra de varias maneras: en conductas, pensamientos y sentimientos.
Estos aspectos deben formar parte de toda definición de personalidad. Sin embargo, esta definición no contiene todos los aspectos implicados en la personalidad, que son los responsables de la gran variedad de propuestas de definición realizadas por los psicólogos.
Todo esto pone de manifiesto dos ideas fundamentales en el estudio de la personalidad: las diferencias individuales y el funcionamiento intrapersonal. Por una lado, cada persona es diferente de las demás, ya que no existen dos personalidades iguales. El concepto de personalidad nos sirve para distinguir entre individuos, por lo que claramente no puede haber dos iguales. Por otro lado, la personalidad es dinámica, no nos hace comportarnos igual ante las diferentes situaciones que se nos plantean. Los procesos comprendidos en nuestra conducta son los mismos aunque nos comportemos de diferente manera en diferentes situaciones.

Las teorías de la personalidad

Una teoría es un conjunto de ideas relacionadas entre sí propuestas para explicar un fenómeno. Las teorías deben describir y explicar los fenómenos que las componen y predecir información sobre la cual todavía no tenemos certeza de conocer. Además, deben explicar el fenómeno usando el mínimo posible de conceptos (parsimonia) y deben producir interés (estimulación). El término metateoría hace referencia al conjunto de suposiciones que sirven de guía y dentro de las cuales se desarrollan las teorías. Usamos como sinónimo la palabra perspectiva para distinguir las distintas orientaciones sobre la personalidad. Pueden destacarse las siguientes perspectivas:
- La perspectiva disposicional, basada en la coherencia de los actos, pensamientos y sentimientos de la gente a lo largo del tiempo. Estas cualidades (disposiciones) están profundamente arraigadas en las personas, de alguna manera, aunque a veces se muestren de manera distinta. Pone mucho énfasis en las diferencias individuales. Cada individuo presenta un patrón de disposiciones único. Los teóricos de esta perspectiva se aproximan al concepto de disposiciones de dos maneras diferentes: el modelo de rasgos y tipos y el modelo de necesidades y motivos.
- La perspectiva biológica, derivada de la disposicional pero centrada en el hecho de que el ser humano es una criatura biológica. Presenta dos corrientes teóricas, una más centrada en la genética y otra en la fisiología. Los teóricos de la primera creen que muchas de las disposiciones son heredadas y que la conducta humana es fruto de la presión evolutiva. Los teóricos de la segunda creen que la conducta humana es fruto de un sistema biológico complejo y por lo tanto se ve influenciada por los procesos biológicos. Sus estudios se centran en conocer el funcionamiento de los sistemas biológicos para entender de qué manera influyen en la personalidad.
- La perspectiva psicoanalítica, iniciada por Sigmund Freud, basada en que la personalidad es un conjunto de fuerzas internas que compiten y están en conflicto, a veces trabajando en armonía y otras en oposición. Centran su interés en la dinámica de estas fuerzas y en la manera en que la conducta sale de ellas. Le dan mucha importancia a los procesos inconscientes. Apoyan las teorías darwinianas de que el ser humano es un animal cuya meta es la reproducción. En su propuesta la experiencia humana está llena de lascivia y agresión, y en general dan mucha importancia al papel de la sexualidad en el desarrollo de la personalidad.
- La perspectiva neoanalítica, derivada de la psicoanalítica, no es una perspectiva propiamente dicha sino una evolución de ésta. Sin embargo, son lo suficientemente diferentes como para tratarlas por separado. Dan más importancia a la influencia de las relaciones sociales sobre la personalidad.
- La perspectiva del aprendizaje, más centrada en el cambio de conducta que en su coherencia. La conducta humana cambia constantemente como resultado de la experiencia, y la personalidad es la suma integrada de todo lo que se ha aprendido.
- La perspectiva fenomenológica, basada principalmente en dos ideas. En primer lugar, consideran que la experiencia subjetiva de cada uno es importante, significativa y única. Son vitales la individualidad y el hallazgo del propio camino hacia la esencia interna del ser. En segundo lugar, todo el mundo tiende a la autoperfección. La autodeterminación es muy importante. En definitiva, la personalidad surge de la unicidad interna y de lo que el individuo decida hacer.
- La perspectiva de la autorregulación cognitiva, que basa la personalidad en los procesos cognitivos. Utilizan la metáfora de la naturaleza humana como una máquina. El sistema nervioso es un sistema que procesa y almacena la información como un ordenador. Estos procesos se ven reflejados en la personalidad. Las personas son un sistema autorregulado que establece metas y supervisa su progreso.
Aunque estas perspectivas difieren bastante en los argumentos que defienden, lo cierto es que tienen cosas en común. Además, exceptuando el psicoanalismo, se centran en aspectos concretos de la personalidad y no buscan explicarla completamente. Todas ellas aportan una parte a la explicación completa de la personalidad.